Mari se complementa perfectamente bien con
ese último mensaje de texto que leo
todos los días antes de dormir y también de ella viene el primer saludo que recibo en la mañana. Es una
suerte de “Buenos Días Yonathan, que
tengas un gran día” y entonces estoy convencido, que lo tendré.
Mari es una estrella alumbrando mis noches
oscuras. Es un vaso de agua pura en los días amargos .Es alguien en quien
confío y confiaría todos mis secretos…
Es la ansiedad de esperarla mientras llega,
es saber que confirmará que vendrá a mi encuentro en la plaza de armas.. Cuando
no está a mi lado, sé que algo me falta. Si mari cierra los ojos, se me apaga mi mundo.
Mari es una dulce melodía en esta ciudad a veces amarga… ella es más eficaz que mi conciencia
Es la cabecita que gusto acariciar mientras
la siento cada vez más cerca de mí.
Es hermoso sentir su mano tocando la mía mientras almorzamos. Es agradable, saber y sentir que es Adventista
y que amamos al mismo Dios…

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