Mi alma va a tu lado. Mis ojos velan tu
sueño. Y tus sueños se parecen a lo míos. Por fuera se le veía tranquila, más
por dentro su alma temblaba... Esa tarde el silencio se hizo poesía y habitó
entre nosotros. Las flores han muerto y una duda pastó en mi jardín. El cielo
hizo un minuto de silencio ante tu pena. No hubo un ruido de más. Ni siquiera
el infinito nos regaló una estrella fugaz en señal de lo inesperado.
Esa noche no sé exactamente que ocurrió. Fue un sueño.
Una pesadilla. solo sé que te ví llorar, en silencio. En un tranquilo y
presuroso desahogar. Desde hoy el sollozo no será igual. te vi llorar. Escucho
tu silencio, y es un llanto que pesa, sé que crees que estás cargando con tu
pena (o defecto) sola y sabes que no es verdad. Tu mirada se pierde a la
distancia y sé que detrás de esa distancia está tu corazón asustado, como un
cervatillo oculto tras las ramas. Te veo y sé que te he lastimado.
tal vez fue mi vano intento de genialidad pretenciosa
que terminó siendo patética y te he lastimado. Existe una linea que no debí
cruzar, sé que mis manos esas lagrimas no enjugarán
Tu llanto lo siente mi alma. Las Frases bien
estructuradas, cuidadosamente elaboradas con la finura de un orfebre han cedido
paso a lo improvisado. No hay errores solo lecciones. Me lo he repetido
infinitas veces intentando persuadirme de los daños que he hecho y he ocultado
errores tras argumentos muy bien elaborados pero poco funcionales.
Hay algo de miedo que vas guardando en un rincón de tu
alma. Esa actitud tan tuya de intentar agradar a los demás. No te la he
reprochado porque: ¿Quién soy yo para hacerlo?, ¿Quién soy yo para decirte que
está bien o mal en ti misma?, ¿Quién soy yo para intentar influir en ti?. Hay
veces que uno se arrepiente de enterarse de ciertas cosas.
Alguna vez entre
serio y jugando dije: La verdad es un hábito terrible, y a veces he pensado que
es cierto. Algunas veces he ocultado la verdad por no caer en el mal hábito del
mentir y sé que debí haber hecho lo mismo aquella tarde, tarde horrible. Jamas, pero jamás debí haber colocado papelitos en tu capucha. ¿Quién soy yo para merecer siquiera una lágrima tuya marita?

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